19 marzo, 2012

Ante las piedras

veo piedras en sus manos

y pregunto por sus miedos

por esta historia de silencios que es mi espalda

y la distancia que me aleja de su herida.


Esas rocas pertenecen al camino,

al polvo macerado de sus lenguas,

al cuento no aprehendido en las caídas,

y un poco del querer sin haber sido.


No es mi nombre el que se duele en sus banderas

ni el color de esta piel esta en sus manos

y aun así,

duele que lo intenten

duelen esas piedras en sus manos.


¿A que le temen que se esconden en mi sombra?

¿A qué verdad escapan cuando hacen letanía de mis pasos?

yo no soy más que una mujer y sus silencios,

que un espejo para el tedio de sus días.


¿Acaso vieron en mis manos una daga,

un dedo acusador,

un verbo embravecido?...


¿Por qué las piedras en sus manos?

¿Por qué a una mujer que solo trata?...

Trata y cree aun en las promesas,

en la señal del no diluvio y el secreto de la vida

que se esconde sólo en ella.


Miro sus manos y aún sostienen piedras,

y yo recuento las heridas de otros golpes,

la infancia que vivió de carruseles tras la verja,

los paseos oscuros tras el sueño

y todas las veces que tuve la osadía de reír.

y se los cuento...

no por lástima, sino por fe...

Quizá entiendan que el crisol

poco tiene que ver con la mano de los hombres

y suelten esas piedras,

y vean a la mujer que de rodillas sostiene su vida,

luego de haberles dado vida.




08 noviembre, 2011

A quien hablar hoy de la noche


A quien hablar hoy que la noche

es una continuidad de mis miedos

donde el ir y venir de la brisa apolillada

arrastra de la piel lo que pueda tener vida.

Todo lo que tiene algo de mí se destruye

se desgarra, se ensucia a la luz del día

aunque lleve otros nombres.

Todo aquello que ame,

lo que quise mío…

lo que solo mire en palabras,

o lleva mis rasgos por herencia.

Todo lo que tiene algo de mí se desvanece,

ya sea piel o certezas,

basta con nombrarlos para que dejen de ser.

Parece que mi amor envejece lo que toca,

lo destruye todo, lo consume todo,

y cuando cree darle alas, lo ahorca hasta el silencio.

Está en mis manos,

tienen el otoño dibujado en sus palmas

y ya no hay forma de escaparse de ellas,

y me tienen de pie ante las tumbas.

He dicho tantas veces adiós,

quedándome con deudas que me atan a la tierra,

que galopan en mi cuarto mientras paso el rosario

buscando el tiempo del amor, que les fue prometido.

Quizá es por eso que mi infancia

es una historia inventada.

Poco se dé cuanto ame,

cuando aun no sabía de la noche,

solo tengo en herencia las palabras…

Las palabras, y esta triste costumbre

de no amar, desde la vida.

01 noviembre, 2011

A Conciencia

A un amigo

Han muerto los que pueden señalarte,

los que guardaban en estampillas tus promesas a futuro.

Estas sentado en la certeza del hambre saciado,

y olvidas que el espejo ya no tiene tu rostro.

¿Dónde has puesto tu corazón

que una y otra se deshabita?

No te conoces en la sombra que reflejas,

y tienes razón,

poco tiene que ver con la fuerza de tu nombre...

Que fácil has vendido tu sortija

olvidando cuantos carruseles has girado por su suerte.

Señalas y buscas a quien culpar del frio

y en tu almohada escribes los nombres que no amaste;

Eres tu propio verdugo,

quien busca regresar aunque sea contramano

adonde el honor y la traición juegan la misma partida;

Quien muerde el lado izquierdo de tus labios

cada vez que el día amenaza estar paz.

¿Dónde has puesto tu corazón

que una y otra se deshabita?

No te conoces en este juego de barajas,

y tienes razón,

poco tienen de verdad esas cartas en tus manos...

Que fácil destruiste al grillo en la ventana

olvidando que jugó contigo a ser arquitecto de tus años.

No tienes idea de cómo decir adiós

y una y otra vez escribes tu verdad en otras bocas;

esculpes maravillas en el lodo,

y luego te preguntas porque cambia su forma.

No tienes idea de cómo morir

y sigues seduciendo a las navajas,

mordiendo las horas en tu rito afilado

donde todo deja de ser sólo con cerrar los ojos.

¿No ves que ya estás muerto?

que has cambiado tus alas

por placas que guardan tu nombre en la pared.

Dónde has puesto tu corazón

que ya no recuerdas la canción maternal a la hora de la cena...

Dónde que olvidaste como se habla con Dios...

Dónde que te quedas parado viendo nacer las ruinas...

Dónde que sigues mendigando la sonrisa a las estatuas...

No sabes nada de mí,

ni de la altura del amor...

ni del peso del alma cuando no es fiel...

ni de la herida hecha ofrenda en el silencio...

No sabes nada de mí,

ni del espacio que separa tu nombre del mío

cada vez que me ves en el espejo.

03 febrero, 2011

Sin Nombre


Adonde iré ahora que perdí mi nombre,
que los gestos de mi rostro no tienen herencia.
Adonde ahora que no tengo espejos,
que quedó sin excusas el fuego y el miedo.

Ya no sé quién soy cuando me arrodillo,
cuando el rosario camina los golpes
o la espuma del vaso descansa en la almohada.

Ya no sé quién soy cuando todo calla,
cuando el tiempo hace historia en mi cabello
o el domingo y sus promesas retumba en las ventanas.

Adonde iré ahora que perdí mi nombre,
que la historia de muñecas guarda ramas en las sombras.
Adonde ahora que hay fantasmas nuevos,
que un vacío sin rostro explica mis silencios.

No sé quién soy,
ni desde que boca explicar mi anonimato.
He caminado suponiendo las sonrisas,
y dando nombres al amor con los pies en el barro.

No sé quién soy,
ni con que fuerzas poder abrir los ojos.
Sólo tengo un diario que intenta explicar el frío
y unas fotos que intentan darle muerte.

Tengo tantas vidas en la espalda,
que no distingo sin son papel o son manos.

Adonde iré ahora que perdí mi nombre,
y el regazo de mi madre es recuerdo y es polvo.